Por Joyce Meyer
Para encontrar el gozo que usted desea profundamente, comience a buscar cada día el contentamiento.
Los sentimientos de descontento e insatisfacción dominan las vidas de muchos cristianos, pero ésta no es la voluntad de Dios. Él quiere que encontremos contentamiento en Él y en lo que nos ha dado. ¿Qué significa estar contento? El contentamiento es definido como: “descanso o quietud mental en la condición presente; satisfacción la cual mantiene la mente en paz, refrena la queja, oposición, o cualquier otro deseo y a menudo implica un grado moderado de felicidad”. Uno de los beneficios de vivir en el reino de Dios es el privilegio de estar contentos y satisfechos aun cuando nuestras circunstancias no son las más deseables. Primera de Timoteo 6:6 dice que la piedad acompañada de contentamiento, esa sensación de suficiencia interna, es una fuente de beneficio inmenso y una ganancia abundante. La verdad es que el contentamiento vale más que cualquier posesión material que podamos acumular en toda una vida. Nada de lo que tenemos o lleguemos a obtener vale la pena si no estamos satisfechos por dentro. Creo que el contentamiento es la decisión de estar contentos con lo que tenemos, justo donde estamos. Ahora, esto no significa que tenemos que aceptar todo lo que ocurre en nuestras vidas y nunca querer cambiar. Es bueno desear que las cosas mejoren en nosotros, en otros y en el mundo alrededor de nosotros. Sin embargo, mientras esperamos por días mejores, podemos aprender a disfrutar en dónde estamos de camino a dónde vamos. De otra manera, nos perderemos del gozo que Dios tiene para nosotros. Una vez que el día se va, se va para siempre. Si no aprendemos a disfrutar el hoy, nunca tendremos una segunda oportunidad para hacerlo. ¿Cuál es una de las mayores causas del descontento? Creo que mucha gente está descontenta porque tratan de vivir fuera del llamado de Dios para su vida. Hay un gran número de personas que piensan que deben ser como es otra persona y esa clase de pensamiento le robará el gozo. Lo sé, porque lo he experimentado personalmente. Fue muy liberador para mí cuando finalmente descubrí que no tenía que ser como cualquier otra persona. Antes de eso, pensaba que tenía que ser como mi esposo, quien era tan paciente, pacífico y nada lo inquietaba. También pensaba que tenía que ser como la esposa de mi pastor, afable y gentil, o tal vez como mi vecina, la cual tenía buena mano en la jardinería y era una excelente costurera. Pero afortunadamente, he aprendido que todo lo que Dios quiere de mi es que sea la mejor que me ha creado a ser. Él me ha llamado a ser un vocero en el cuerpo de Cristo y junto con ese llamado, me ha dado los dones para realizarlo. La Biblia dice en Romanos 12:6 que a cada uno se nos han dado dones específicos según la gracia, la cual es la habilidad y el poder dado por Dios para realizar nuestro llamado en la vida. Mientras usted y yo tratemos de ser alguien que no somos o tratemos de realizar un llamado que no es nuestro, estaremos descontentos continuamente. Dios recompensa aquellos que siguen un estilo de vida de obediencia, especialmente la obediencia al llamado específico que Él ha puesto en nuestras vidas. Si sólo hacemos lo que Dios nos pide que hagamos y fuéramos las personas que Él nos creó a ser, Sus recompensas literalmente nos perseguirán e inundarán nuestras vidas (vea Deuteronomio 28:1, 2). ¿Cómo desarrollamos el contentamiento en nuestra alma? Primero, usted y yo necesitamos darnos cuenta que el estar contentos es algo que aprendemos a través del tiempo y la experiencia. El apóstol Pablo dijo: Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad (Filipenses 4:12). No sé cuantas veces le tomó a Pablo ir alrededor de su “montaña” de dificultades y decepciones antes de aprender que Cristo era más que suficiente para todas sus necesidades ya sea que tuviese poco o mucho. Pero de alguna manera, él finalmente aprendió a estar contento y nosotros también podemos hacer lo mismo. Como Pablo, podemos aprender a estar satisfechos al punto en el que no somos movidos. Aun podemos desear cambios, pero podemos aprender a estar contentos sea que tengamos mucho o poco. No importa cual sea nuestra situación, Cristo nos dará el poder para estar listos para cualquier cosa (vea Filipenses 4:13). El contentamiento simplemente no nos va a caer encima, tendremos que buscarlo diariamente. En otras palabras, tendremos que aprender a tomar decisiones que resulten en contentamiento. En esta vida, vamos a tener problemas de vez en cuando, aun Jesús lo dijo. Algunos serán grandes y otros serán pequeños, pero ninguno durará para siempre. Por lo general aprendemos a estar contentos como resultado de haber vivido vidas descontentas por un período largo de tiempo y después de haber clamado a Dios para que interviniera. Cuando me cansé de estar constantemente insatisfecha con mi vida, busqué a Dios y le dije: “Dios no quiero vivir de esta manera por más tiempo. El obtener o adquirir estas cosas no vale la pena. Ya no quiero seguir sintiéndome desdichada. Sólo dame lo que quieras que tenga porque a menos que Tú no quieras que lo tenga, yo no lo quiero. De ahora en adelante, no voy a sentir celos de nadie. No quiero lo que otros tienen. Señor sólo quiero lo que Tú quieres que tenga”. Cuando usted y yo lleguemos al punto en el que decimos: “Señor sólo quiero lo que Tú quieres que tenga”, encontraremos paz y contentamiento verdadero. No hay otra manera. Ahora, cuando enfrentó tiempos difíciles me digo a mí misma: “Esto también pasará”. Probablemente pueda mirar a su vida pasada y ver todos los momentos difíciles que enfrentó en los que pensó: No puedo soportar esto ni un día más. El diablo probablemente le tentó a creer que la prueba iba a durar para siempre. Sin embargo, lo logró. Dios le sacó adelante y lo volverá hacer, sólo confié en Él. ¿Ha estado luchando para estar contento? Le animo a que vaya a la Palabra de Dios usted mismo y encuentre algunas escrituras específicas que le ayuden a renovar su mente y a desarrollar el contentamiento que es suyo a través de Cristo. Como el escritor del Salmo 131:2 escribió, empiece a declarar: En verdad que me he comportado y he acallado mi alma, como un niño destetado por su madre; como un niño destetado está mi alma. El poder de la vida y la muerte están en nuestra lengua y Dios quiere que empiece a llamar esas cosas que actualmente no son como si fuesen. A su tiempo las verá acontecer (vea Proverbios 18:21; Romanos 4:17). Dios le ama y tiene preparado solamente lo mejor para usted. Le reto a que empiece a decir: “Estoy contento con lo que Dios está haciendo en mi vida. No quiero lo que alguien más tiene porque probablemente no tendría la capacidad de lidiar con ello. Solamente quiero lo que Dios quiere que tenga. Voy a pedirle a Él lo que yo quiero y voy a creer que me lo va a conceder, pero siempre y cuando sea correcto para mí tenerlo”. Recuerde, el contentamiento y el gozo no vienen al tratar de emprender cosas que no son la voluntad de Dios para usted, por lo tanto, no están dentro de sus talentos y habilidades dadas por Dios para realizarlas. Esta no es una confesión negativa, es sabiduría divina. El contentamiento y el gozo verdadero vienen al mantenerse dentro de los límites de lo que Dios le ha llamado o equipado para hacer. Esté contento con ser la persona maravillosa que Dios le ha creado a ser y su nivel de contentamiento y gozo mejorarán dramáticamente. 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